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sábado, 16 de abril de 2011

Úlitmo capítulo

"Esto ha tenido que ser idea de José...", pensaba Andrés mientras Luna apoyaba la cabeza sobre la muñeca, colocando el codo sobre la mesa. Esa sonrisa que portaba ella era lo que a Andrés le había hechizado cuando la conoció. Y ahora estaba tan atónito de que ella estuviese allí que no sabía cómo romper el hielo.
-Andrés, antes de que digas nada quiero serte sincera: te he echado mucho de menos. He dejado de ir a los lugares que frecuentábamos tú y yo porque no podía soportar el dejar de verte cada tarde. No he sabido nada de ti excepto las pocas actualizaciones que has hecho en internet de tu perfil. Sé que rompiste con Ana, y que no has vuelto a salir con ninguna chica. Y estoy muy contenta de que te hayas acordado de mí y quisieras verme. Pero explícame una cosa: ¿por qué has dejado que pasara tanto tiempo?
A Andrés le daban vueltas la cabeza y el estómago. Eran demasiadas palabras las que tenía que asimilar. ¿Desde cuándo él "se había acordado de ella y quería verla"?. Solo una persona que conocía podía ser la culpable de su dolor de cabeza: José, siempre metiendo la pata.
-Luna, ¿te ha invitado José a venir aquí, no?
A Luna se le descompuso el rostro y la sonrisa. Parecía que el amargo gesto de la cara de Andrés se estaba reflejando en la suya.
-Sí, ¿es que no lo sabías?
-Mira, Luna. Todo lo que me has contado está muy bien. Pero si no te he llamado, ¿no crees que he tenido alguna razón para no hacerlo?
-Andrés yo te quería, y creía que tú a mí también -los ojos de Luna enrojecieron y las lágrimas brotaron de ellos sin mesura-. ¿Cómo puedes decirme estas cosas? Cuando José me ha dicho que viniera a veros, me he sentido la chica más feliz y afortunada del mundo solo porque tú te habías acordado de mí, y me he dado cuenta de que te seguía queriendo. Incluso imaginé un montón de besos como aquel que con tanto amor me diste. ¿No significó eso para ti tanto como para mí? ¿No estabas tú también enamorado?
-Creo que no me conoces en absoluto. Yo no me enamoro de nadie. Y ahora, si me disculpas, voy a los servicios a vomitar por todo ese asqueroso romanticismo.
Andrés se levantó de su asiento con frialdad, y se dirigió a los aseos con paso firme. Luna no podía dejar de llorar y en absoluto pensaba que aquello estaba pasando realmente. ¿Y ese era el final que les esperaba? José llegó a la mesa con un té en una mano y un plato con pastelitos en la otra. Luna se levantaba y se dispuso a marcharse. Él la cogió del brazo y le dijo:
-No merece tus lágrimas.
Luna le miró unos instantes, y después se marchó muy rápido de allí. Avergonzada, sentía que solo había perdido el tiempo pensando que podía haber habido algo precioso con un chico tan diferente de ella. Corrió y se refugió entre lágrimas detrás de un arbusto, en el parque de al lado de la cafetería que acababa de abandonar.
Mientras tanto, José esperaba de pie al lado de la mesa a que Andrés volviera del lavabo. Tenía algo muy importante que decirle. Andrés, en cambio, no podía hacer otra cosa que mirarse en el espejo y no reconocer a quien estaba mirando. ¿Qué acababa de hacer? Había desaprovechado la única oportunidad de su vida para vivir el amor que tanto había anhelado en las chicas con las que frecuentaba salir. Luna había sido su primer amor, y la había querido como a nadie. No entendía por qué había hecho eso tan horrible sobre la mejor persona que había conocido. Quizás por esa incapacidad suya de mostrar sus sentimientos, quizás por no haber sabido afrontar una situación tan nueva como lo era el amor en su vida. Solo el recordar los ojos de Luna bañados en lágrimas, le hacía no poder parar de llorar. Escondió su rostro entre sus manos, mirarse solo podía darle asco. Cuando levantó la cabeza vio que José estaba detrás de él, mirándole muy seriamente.
-Me has decepcionado muchísimo Andrés. Te he dado la oportunidad de tu vida para que demostrases lo que vales, y que realmente eres capaz de ser tú mismo como lo eras con ella. Jamás conocerás a nadie igual.
-¡Lo sé! ¡Vete! ¡Déjame en paz!
Andrés solo gritaba y lloraba sumido en la peor de las desgracias que le habían ocurrido.
-¡Sal! ¡Ve a buscarla! ¡Enséñale tus lágrimas y dile que la quieres!
-No puedo hacer eso, y lo sabes.
-No merece la pena seguir mirándote a la cara, eres despreciable. Haces llorar a la única chica que has amado y te da igual. No eres lo suficientemente hombre como para correr detrás de ella y vivir juntos la mejor historia de amor de tu vida. Me das asco.
Andrés sacó del bolsillo la navaja que solía llevar encima y se abalanzó con fuerza sobre José.
-Pégame. Mata a la única conciencia que te ha puesto los pies en la tierra. Destrúyeme y serás libre, como siempre quisiste.
Andrés no tocó ni un ápice del cuerpo de su mejor amigo. Tiró la navaja al suelo y cayó llorando sobre sus brazos.
-Soy una mierda. Soy una mierda...
Era lo único que no podía parar de repetir.
.

viernes, 15 de abril de 2011

Noveno

Llegué un poco tarde a la cafetería en la que José me había citado hacía tan solo media hora. Entré, y estaba el lugar tan abarrotado que no vi a los chicos al entrar. No había visto a Andrés desde aquel beso. El beso. Solo de pensar en él se me ponía el vello de punta.
-¡Luna! ¡Estamos aquí!
Era José, me saludaba desde una mesa pequeñita del fondo del establecimiento. Andrés estaba a su lado, pero apenas podía verle la cara, había demasiada gente de por medio. Lo único que poblaba mis sentimientos era que Andrés se había acordado de mí y quería verme. ¡Me hacía tanta ilusión!
-Hola, chicos.
-Hola, Luna. Siéntate. -José fue tan amable como le recordaba. En cambio Andrés estaba muy pálido y me miraba como a quien se le aparece un fantasma-. ¿Qué quieres tomar, guapa?
-Tomaré un té solo, gracias.
-Voy a la barra a pedirlo, os dejo solos. ¡No empecéis el sexo sin mí!
José se levantó. Supe que lo que quería era dejarnos solos. Pensé que sería porque Andrés tenía algo importante que decirme, así que esperé pacientemente mientras él solo me miraba con los ojos muy abiertos.

Siento haber estado tanto tiempo sin pasar. ¡Gracias a los 64! ¡Y GRACIAS por las recomendaciones de lecturas!

viernes, 8 de abril de 2011

8

Creo que no quedó muy claro en la entrada de antes porque algunos me habéis preguntado: la historia de Luna y Andrés no está aún terminada, ni lo estaba cuando publiqué esa entrada. Solo la escribí para anunciar que la terminaría y por si alguien quería un resumen de la misma. Lo siento si di a entender cualquier otra cosa.
Por otra parte, los capítulos que restan ya están escritos, serán en total 10, aquí dejo el octavo, espero que os guste.

José tardaba mucho. Cuando al fin llegó tenía que pedirle explicaciones:
-Tío, ¿con quién hablabas?
-Con mi vieja, ya sabes que le gusta llamarme de vez en cuando.
-Pero si te he visto que has sido tú el que ha marcado, dímelo, que hay confianza, ¿una novia?
-¡Andrés! Deja de pensar en eso aunque sea solo por un minuto. Es que la he tenido que llamar yo porque...
-No me cuentes tu vida, ¿nos vamos ya?
-Espera. Verás... Hace unos días que... bueno, que sé de una cafetería muy buena donde quizás podríamos ir a tomar algo tú y yo. ¿Qué te parece?
-¡Serás maricón! -pensé que estaba de broma, así que me eché a reír. Pero me equivocaba, iba en serio.- ¿Desde cuándo van los tíos a "tomar algo" solos? ¿Se te ha ido la cabeza?
-Precisamente por eso. Como las cafeterías son para mujeres, tiene que haber un montón por allí, y quizás liguemos y todo.
-Tío, eres muy inteligente.
-En realidad quiero que vuelvas a ser el mismo -y eso lo soltó de carretilla, como si llevara un buen rato esperando para decirlo- Desde aquello que hablamos en mi casa, sobre Luna, ¿te acuerdas? No has vuelto a ser el mismo. No sé ni cómo pudiste romper con tu novia si no pensabas volver a ver a Luna. Haces cosas muy raras desde entonces.
-Eso no es asunto tuyo -le corté lo más rápido que pude y empecé a andar.- Vamos a esa cafetería a hacer amigas.

martes, 5 de abril de 2011

Luna y Andrés 7

-¿Diga?
-Luna, ¿eres tú?
-Sí, soy yo. ¿Quién eres?
-Soy José, el feo y corpulento amigo del todavía más feo Andrés, ¿te acuerdas de mí?
-¡Aah! -Luna se rió como acostumbrada, me sentí como si hiciera siglos que no escuchaba una risa tan bonita, y me pregunté cómo había sobrevivido sin algo así- José, ¡cuantísimo tiempo sin saber de ti! ¿Qué tal estás?
-No va mal -tenía que ir al grano, así que se lo pregunté directamente-: Oye Luna, ¿qué te parece si voy esta tarde a verte al bar donde trabajas y charlamos un rato?
-Pues, la verdad es que ya no trabajo allí, no me traía buenos recuerdos.
-¡Mierda! ¿Y ahora qué hago yo para quedar con ella?
-¿Has dicho algo? Apenas te he oído hablando muy bajito.
-No, nada, no te preocupes. Entonces...
-Entonces podemos vernos en un café que conozco -ya ni me acordaba de que le encantaba interrumpirnos cuando se le ocurría cualquier idea-. No está lejos de aquí.
-¡Estupendo! Dime la dirección -fue en ese momento cuando tuve la certeza de que mi plan iría viento en popa de principio a fin-. Por cierto, Luna, ¿te importa que venga Andrés también? Me ha dicho que tiene muchas ganas de verte.
-...
-¿Luna? ¿Sigués ahí?
-Sí... sí. ¿Andrés ha dicho eso? -su voz cambió a ser la más rápida y entusiasmada que podía poner-. Entonces creo que, viniendo de él, no puedo hacer más que aceptar. Esto ha sido idea suya, ¿verdad? No entiendo por qué ha hecho que seas tú quien me llame, estará arrepentido de llevar tanto tiempo sin dar señales de vida. Bueno, José, ¡nos vemos en media hora!
-¡Adiós!
Ahora solo queda explicárselo a Andrés... O no.

domingo, 3 de abril de 2011

Acaba "Luna y Andrés"

Mi pequeña historia por capítulos del blog. La verdad es que en un principio hubiese querido que fuera más larga, y sacarle mucho más partido, pero como la he dejado tanto tiempo de lado ya no merezco que quede tan bonita como tenía pensado. Por eso vengo hoy a deciros que voy a terminarla con un par de capítulos más, porque quiero acabar lo que empecé. Para los que no tengáis ni idea de lo que hablo, podéis leer los capítulos de la historia aquí, son cortitos, y solo son seis. Y para los que ya no os acordéis de qué iba o no tengáis muchas ganas de leer esos seis capítulos, podéis pedirme un resumen por comentario, y os lo dejaré en vuestros blogs.
Os prometo que crearé otra historia que será más bonita y os mantendrá intrigados muchos días.

¡Un beso! Y gracias por ser 60.

Pasad por AQUI, no tiene desperdicio.

martes, 4 de enero de 2011

Capítulo seis: Luna

-Pues sí, tío, lo he hecho. Pero es que... Luna es... Bueno, ya sabes como es... -miró a su amigo buscando una complicidad que no encontró: José exigía una explicación. Andrés suspiró de nuevo y prosiguió- Luna es muy guapa. Me gusta su pelo liso, y me gusta cuando mueve la cabeza y se balancea su flequillo sobre sus cejas. Me gusta también que siempre está sonriendo, es como si siempre la estuvieras haciendo reír, como si te estuviera agradeciendo todo el tiempo que pasas con ella. Sé que su cuerpo no es espectacular ni comparable con el de.. de...
-Con el de tu novia -interrumpió José.
-Ya. -Andrés miró inquisidor a José, e hizo una pausa para sorber, por primera vez en la tarde, del fuerte cubata que le había preparado su amigo- ¿Sabes? Lo que me pasa es muy extraño. Siento como si siempre quisiera estar con ella, como si solo con su risa ya me hiciera feliz, como si con una sola vez que ella me mire ya me diera por satisfecho. Y yo no soy así, yo nunca hago demasiada amistad con chicas que no sean grandísimas bellezas. Pero ella, ella me atrae. ¡Y no sé por qué!
Andrés había alzado la voz. No paraba de agitar las piernas: estaba nervioso. Sin duda este era un tema que le intranquilizaba. Y José lo sabía. Andrés se mordía las uñas y no paraba de volver sus ojos a José, esperando una respuesta. Éste, en cambio, le miraba muy fijo, intentando descifrar las palabras de su mejor amigo. De repente, sus ojos adoptaron un brillo diferente, bebió un largo sorbo de su cubata, y se sentó al lado de Andrés. Era el momento de dejarle claro lo que él mismo sentía pero que no llegaba a encontrar:
-Andrés, escúchame. Te pasa una sola cosa: Luna te gusta. -Andrés intentó decir algo, pero José le hizo un gesto con la mano para proseguir- y ya sé que a ti solo te gustan las chicas muy guapas y muy atractivas, pero Luna te gusta por cómo es, y no por su físico. Eso te pasa. E incluso me atrevería a afirmar que te estás enamorando de ella. ¿Por qué ibas si no a besarla si no por un arrebato de tu corazón?

Más aquí

martes, 28 de diciembre de 2010

Capítulo quinto: Lo hice

De nuevo los dedos de Andrés volvieron a fallar. José y él acostumbraban a quedar dos veces en semana para medir sus habilidades en casa del segundo, jugando a un vídeo-juego de fútbol en el que Andrés siempre había podido fardar de ser el mejor del vecindario. Pero esa tarde estaba siendo diferente: todavía no había ganado ninguna partida, y lo aún peor: no había marcado ningún gol.
-A ver, para. -José arrebató el mando de las manos a su amigo y apagó la consola. Se situó de pie frente a él, muy serio. Andrés lo miraba sonriente, como si la cosa no fuera con él. Pero sabía que tarde o temprano llegaría el momento de tener una charla con su mejor amigo.- A ver, tío. Has llegado dos horas tarde, venías de mal humor, ¡no has bebido nada de tu cubata! Y para colmo no atinas en ninguna partida. ¿Me vas a contar qué ha pasado?
Andrés suspiró. Todos los hechos de la tarde habían acontecido demasiado deprisa. Él quería contárselo todo a José, su mejor amigo desde hacía años, compañeros de aventuras y de desventuras, pero no sabía por dónde empezar. Y, adoptando una de sus sonrisas triunfadoras, dijo:
-Luna cree que puede rechazarme. Pero caerá, ya lo verás.
-Lo sabía, si es que lo sabía. -José se echó las manos a la cabeza y suspiró. Ya entendía lo que pasaba. También sabía muy bien que Andrés solía mostrarse reacio a cualquier declaración de sentimientos, y por eso solía decir sandeces como la que acababa de soltar sin pensar. Por eso se dispuso a sonsacarle las cosas.- Solo dime una cosa: ¿has estado esta tarde con ella?
-Sí.
-¿Y qué es lo que has hecho?
-Has dicho que te diga una sola cosa -Andrés sonreía de forma burlona.
-¡Andrés! ¡Por una vez en tu vida ponte serio! -José no pudo aguantar subir el volumen de su voz considerablemente- Esto, esto es importante. Y es grave. Porque te conozco y sé muy bien que no te has podido resistir. Y como no le dijimos que tienes novia, ella te habrá seguido la corriente. Y como...
-La besé -interrumpió Andrés.
-¿¡Qué!?

jueves, 23 de diciembre de 2010

IV Parte

Fue un beso corto pero intenso. Ambos pusieron de su parte para que el momento tuviera una gran pasión.
Separaron sus labios y Andrés ayudó a Luna a levantarse.
-Gracias -le sonrió y cogió su mano con cariño. Tornó su gesto a serio, disponiéndose a decir algo.
Andrés aferró su mano y desplazó a su amiga hasta colocarla contra la pared. Se pego a ella e, impidiendo palabras que destruyeran lo romántico del momento, dijo:
-¿Es que no te ha gustado? -y se sonrieron los dos.
Andrés acercó sus labios a los de ella para besarla de nuevo, pero justo antes de llegar, algo se interpuso entre sus bocas. Era el dedo de Luna, que lo miraba con una pequeña sonrisa que él no le había visto antes, y que no fue capaz de descifrar.
-Tienes novia.
Descubrió en los ojos de su amiga un brillo de tristeza que le destrozó el corazón. Sin mediar palabra, Andrés se marchó de allí, y Luna se quedó largo rato en la puerta de los aseos, ausente.
¿Sigues la historia?


Muchas gracias a todos lo que comentáis, y por supuesto a los que me seguís, ¡ya somos 26! Quién lo diría.
¡Felices fiestas a todos!

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Luna y Andrés III

-¡Ay! ¡Déjame!- le pedía Luna a Andrés, divertida.
Andrés reía a la vez que jugueteaba con su amiga en la puerta de los aseos. Los dos llevaban toda la tarde charlando apaciblemente en el bar en el que ella trabajaba, como casi todas las tardes desde hacía unos días, pero repentinamente había surgido un fervor entre ambos que les impidió detenerse cuando Andrés la arrastró hacia fuera de la barra.
Luna tropezó, de forma que cayó sobre la puerta del baño femenino, abriéndola. Se sujetaba a Andrés tan fuertemente que él cayó encima suya. Andrés se inclinó un poco hacia arriba y su mirada se cruzó con la de Luna. Ella seguía sonriendo.
Fue entonces cuando Andrés no pudo contenerse y besarla.

¿Te perdiste el principio?
Míralo aquí

lunes, 29 de noviembre de 2010

2ª Parte

-¡Luna! ¿Bajas a ver la tele?
-No mamá, voy a conectarme un rato.
Luna no tardó en cerrar todos los libros y encender el ordenador a toda prisa. Estaba deseando esos minutos de relajación charlando con sus amigos. Y más aún deseaba saber si los nuevos amigos que había hecho la habían agregado ya.
-¡Hola Luna!- primer mensaje. Era Jaime, uno de sus nuevos amigos. Fue él quien le había presentado a todos los demás, por lo que le estaba muy agradecida.
-¡Hola!
-¿Qué tal te parecieron mis amigos?
-Oh, bien, me cayeron muy bien.
-Y... ¿te moló alguno? Porque me parece que alguno sí en especial.
-Pues... Puede que sí.
-Andrés, ¿a que sí? Siempre liga el cabronazo.
-Bueno, él es el que mejor me cayó -Luna escribía entusiasmada- después de ti, claro.
-Vaya, vaya. Y, ¿sabes que tiene novia?
Algo dentro de Luna se vació por completo, algo se rompió en su interior. De repente era como si su habitación se hubiese vuelto oscura.
-Pues... No, no lo sabía.
-Vaya, perdona. Pero tú le caíste muy bien a él también. No paró de hablar de ti desde que nos despedimos.
Un pequeño destello iluminó la sonrisa de Luna de nuevo.
-Oye Jaime, tengo que irme ya. Hasta luego.
-¡Adiós guapa!
Luna cerró todas las ventanas de su ordenador, y se quedó mirando fijamente su fondo de pantalla. Aquella foto que se hizo unos días antes con los nuevos amigos que había conocido. ¡Qué feliz momento! En el que daba la casualidad de que Andrés posaba, sonriente, a su lado.

sábado, 27 de noviembre de 2010

El comienzo

-Mira, estos son mis amigos. Son de las afueras de la ciudad, pero son buena gente- aquel último susurro la dejó atónita.
-¡Hola! ¿Cómo os llamáis?
-José- dijo uno de ellos, sonriente.
-¿Nosotros? Dinos primero tu nombre, ¿no?
Ella lo miró divertida.
-Yo, soy Luna, encantada- supo poner su sonrisa más arrebatadora.
-Yo soy Andrés- también sonreía.
-Sois del mismo barrio que yo, ¿lo sabíais?
-Ah, ¿sí? No te habíamos visto nunca antes por allí.
Y aquellos tres desconocidos pasaron más de una hora intercambiando impresiones. Había pocas cosas que le gustasen más a Luna que conocer gente nueva, y más si esa gente estaba tan interesada por ella. Sabía controlar bien estas situaciones.
Su tiempo ya había acabado, el local había cerrado. Era de noche.
-¿Nos veremos algún día?- Andrés.
-¿Por qué no?
Ella se despidió amablemente de todos ellos, le habían caído muy bien. Pero uno de ellos de forma especial...