-Pero... ¿Estás seguro de lo que ella siente?
-¿Cómo voy a estarlo? -La desesperación de sus pupilas llevó a Benito a esconder la cara entre las manos.
-Te lo voy a preguntar solo una vez: ¿tú la quieres?
La castaña mirada de Deuteria se había fijado en el rostro de su indeciso compañero. Él pareció sentirla, ya que enseguida alzó la barbilla.
-Mucho...
Benito ahogó su breve respuesta entre sollozos. No estaba seguro de que la que le aseguraba ser su novia lo quisiera, al menos, lo suficiente como para respetarle.
-Ven aquí.
Deuteria lo estrechó en su pecho con determinación, transmitiéndole el apoyo y el afecto que le debía. Benito la achuchó con fuerza y mojó su regazo de dolor. Mostró por vez primera sus lágrimas a su incondicional amiga, en cuyo abrazo encontró el calor que tanto añoraban sus músculos.
-No te merece, Benito...
Al cielo le dio tiempo a cambiar su tapiz desde los tonos rojizos que habían decorado la conversación hasta la oscuridad de una noche fresca antes de que Deuteria dejara a su amigo desprenderse de sus brazos. Benito la miró entonces de frente con una sonrisa tímida que consiguió trasladar a sus labios.
-Déjame invitarte a tomar algo.
-Te dejo.
Y juntos se desplazaron del banco que aquella tarde había presenciado cómo dos personas de sexo distinto, unidas por el amor, pueden ser solo amigos.